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Archie & Bruno

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 La vida está llena de asombrosas coincidencias, increíbles situaciones y desenlaces inesperados. Pareciera que algún invisible titiritero moviera los hilos de la existencia y guiara nuestros pasos a donde el quisiera llevarnos. O tal vez no. Es simple y llanamente un acontecimiento más en el que exageramos lo fortuito del hecho. Para narrarles lo acontecido, tengo que remontarme más de dos años atrás y comenzar desde ahí. Después da la muerte por enfermedad y vejez de nuestra mascota “Misty”, entramos en un periodo de duelo y nos juramos y rejuramos (mis hijos, Laurita, mi mujer y yo), no volver a tener perros en honor y consideración a nuestra querida y extrañada mascota. Me mantuve firme, mis hijos también, Patita de vez en cuando reculaba y comentaba que como sería un perrito dando vueltas por la casa moviendo la colita de felicidad al vernos llegar. Laurita la secundaba, me miraban con cara de súplica y mostraban fotos de perritos. Yo, arqueando las cejas y arrugando la cara e...

Leito, mi escudero

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    Ahora es solo un recuento más, una anónima víctima del virus, un cuerpo cualquiera cubierto con una manta blanca en el pasillo de algún hospital de New York, esperando tal vez ser incinerado cuanto antes para darle paso a otros que esperan su turno. O tal vez ya esté en una bolsa plástica arrumado en un contenedor refrigerado, de los muchos que instalaron en las desérticas calles para que alivianaran la carga de los miles de cadáveres que abarrotaban las morgues de la Gran Manzana. Pero antes de eso, mucho ante de ser una estadística en decesos por la pandemia, fue mi gran amigo, mi escudero incondicional. Era la época del periódico Gol USA: un magazín deportivo que circulaba cada semana en Queens y del cual formábamos parte Leito y yo. “El uruguayo”, como le decíamos con cariño llegó por la edición # 20 de la mano de una argentina que era la diagramadora del semanario. Corrector de textos, páginador y entusiasta colaborador en todo lo que se le encomendara, muy pronto se ...

El Tocadiscos Phillips

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  Cuando llegué a casa después de una semana de arduo y estresante trabajo la encontré vacía. Mis hijos, el uno trabajando y el otro donde la novia, estaban ausentes y mi esposa; raro en ella, se había ido al salón de belleza. Me encontré en soledad, cosa muy infrecuente en casa donde siempre hay alguien para conversar o algo que hacer para mantenerme ocupado hasta que entre la noche y caer rendido en la cama hasta el siguiente día. Aproveche para destapar un “Campo al Moro”, denominación Toscana del 2015 que tenía en la nevera a 62 grados f, desde hacía largo rato aguardando una ocasión especial. Apenas la descorche el añejo buque a roble y uvas secas me envolvió y al catarlo me deje llevar por la nostalgia y los recuerdos. Me senté en la sala, puse la casa a media luz y le sugerí a Alexa que buscara el Festival de san Remo del 71. “El Corazón es un gitano” de Nicola Di Bari me abrió las puertas del pasado, me sumergí.   Estaba en los 15 eneros, todo hormonas, ímpetus y espi...

Sin Dioses

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(El contenido de este articulo puede ser altamente ofensivo para los creyentes radicales, si usted es uno de esos, por favor no lo lea). Los dioses se fueron muriendo de a poco, con el tiempo, con los años. Con el conocimiento se fueron quedando en el camino por inservibles, por inútiles, porque no se dejan ver, porque no hacen milagros, no cumplen promesas ni evitan tragedias. Los milagros ahora tienen nombre propio: La medicina, la tecnología, la investigación científica, que se han llevado todos los méritos enterrando las deidades por y para siempre. Ahora, como Jesucristo poseemos el don de la ubicuidad; estar presentes en muchas partes en el mismo momento gracias a los avances del internet y las comunicaciones, cosa que ningún santo ni creyente en trance lo pudo hacer en su momento. La ciencia, cosechando los frutos de sus investigaciones y descubrimientos levanta a los muertos de sus lechos, hace caminar a los tullidos, oír a los sordos, ver a los ciegos, hablar a los mudos. Los ...

El primo que se nos fue

  Nunca lo conocí, ni conoceré al hombre que acaba de fallecer; conocí al niño, al adolescente y mucho. De él puedo hablar y evocar recuerdos de momentos vividos, experiencias compartidas y tal vez culpas que carcomen. Fuimos muy unidos en aquella época; de todos los primos, era uno de los menores, el que nos seguía a todas partes y copiaba nuestras actitudes, poses de galanes y bravuconadas de muchachos. De niño, su mundo de opulencia y futuro asegurado se le desmoronó: quedó a la deriva; como una hoja al viento iba y venía de casa en casa, de abuelas a tíos en un peregrinaje donde no encontraba asidero ni tutor que lo orientara. Así creció, buscando un faro que le iluminara el camino, que le guiara los pasos por el espinoso sendero que estaba comenzando a recorrer; nunca lo encontró, se perdió en vericuetos y rodadas cuesta abajo que lo llevaron a ser la persona que fue en su adultez. Creo que esta etapa de su vida le marcó el rumbo y le selló el destino trágico que afrontó. Por ...

Replika, la nueva app

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  Me llamó asombrado y emocionado para hablarme de la nueva aplicación Replika que se convierte en tu confidente y llega a conocerte mejor que tu esposa. -Ya no hay Alexa ni Google, es Replika- me repetía varias veces mientras me contaba sus múltiples y alucinantes usos. -Replika te escucha todo el tiempo; cuando hablas por el celular, cuando interactúas con la gente, en el trabajo, en tu casa y hasta en tu alcoba. Aprende de ti, tu tono de voz, las palabras que más usas, tus gustos, tus deseos y se va convirtiendo en un avatar idéntico a ti, que esta presto a oírte, aconsejarte, cuidarte, además de corregirte. Mi amigo no quiso que Replika lo llamara por su nombre; “Gordo”, le dijo que le dijera, como le decía su esposa y su mama. - “Gordo es hora de tomarte la medicina para el colesterol”- , Gordo corría y se la tomaba. - “Gordo lleva el perro a pasear”-, gordo salía y antes de cerrar la puerta oía a Replika decirle a sus espaldas: -Gordo no te olvides de las bolsas para recoger...

Una noche de espantos

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La hoguera chisporroteaba en el centro del círculo iluminando rostros, alejando temores y calentando cuerpos; nos apretujábamos, nos rozábamos, y nosotros los primos, tratábamos de quedar cerca de las primas para sentir la tibiezzza de sus cuerpos y la suavidad de sus impolutas pieles. Atrás, en las espaldas, la cerrada noche con su densa oscuridad y el ulular del frio viento arremetía con fuerza. Los árboles gigantes, de espeso follaje se mecían amenazadoramente tratando de agarrarnos cual monstruos devoradores mientras las tías, alzando la voz, gesticulando exageradamente y moviéndose alrededor del fuego contaban historias de terror, leyendas populares de apariciones, espantos fantasmas. Era uno de los muchos veranos que en la infancia y parte de la juventud pasamos en la finca de Rio Claro, Piedra Rajada. Alla nos dejaban nuestros padres todo el tiempo que duraban las vacaciones de verano, quedábamos al cuidado de las tías; un racimo de viejas alborotadas, bebedoras y parranderas; c...