La piña (casos de la vida real)
A través de los ventanales de la oficina la vi moverse de un lado a otro por la acera del frente, como buscando una dirección. Llevaba una piña en la mano. Cuando por fin descubrió nuestra oficina, una sonrisa sospechosa se dibujó en sus labios y cruzó la calle con paso decidido. Mientras se acercaba, tuve tiempo de observarla. Debía rondar los cincuenta y cinco años. Era rubia, delgada, de elegante figura, vestida con un conjunto de lino blanco color crudo que ondeaba suavemente con la brisa. Su rostro, sin maquillaje, dejaba ver unas facciones finas y una piel madura que irradiaba seguridad y una jovialidad difícil de explicar. Entró riéndose, saludando con la mano que tenía libre, mientras con la otra sujetaba la piña contra su pecho. —Hola, soy Jane, la dueña de la tienda de juguetes sexuales para adultos. Se dirigía a mí. Le tendí la mano para saludarla. Su mano era suave, delgada y cálida. Intenté retirarla enseguida, pero ella prolongó el apretón unos segundos más, clavand...