Escribo para mi
Sentarse a retroceder el calendario, irse de vuelta al lejano pasado, después de haber vivido tanto, es una ardua labor que, por más que lo intente, muchas historias, demasiadas vivencias, quedarán ocultas bajo miles de otros recuerdos que nunca podrán salir a la luz. Los aconteceres remotos se pierden en los vericuetos de la memoria, se extravían en los archivos del pasado, se cubren con un manto nebuloso que no puedo penetrar. Sin embargo, cuando me siento a escribir, la música me ayuda a evocar recuerdos y el vino me trae remembranza. Es en ese momento cuando van llegando las historias; es como si se proyectara un fugaz video que reviviera la escena durante unos segundos. Tengo que atraparla en la mente; tecleo y tecleo frenéticamente sin parar, sin corregir gramática, sin ortografía, sin coherencia; es la piedra de mármol en bruto que el escultor va tallando tosca y obsesivamente; es el boceto en el lienzo que el pintor traza enajenado, poseído por sus demonios creativos. Cua...