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Los examenes anuales

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  Eso de llegar a viejo como que no es fácil, requiere mucha paciencia y resignación. Son muchos años los que se nos acumulan y a veces no hay ni donde acomodarlos y lo peor de todo es que no se pueden botar ni descargar como inservibles en la papelera de la computadora; hay que llevarlos en la espalda, en las articulaciones, en los achaques, en la abultada panza; el cuerpo comienza a quejarse, doblarse y resentirse. Y claro, el doctor primario, que es como le dicen acá al médico general, cada año con la cantidad de exámenes que te obliga a realizar, se encarga de recordarte que los cumpleaños no pasan en vano, que te cobran factura por los desmanes y locuras de la añorada juventud. Comento esto porque este mes fue el escogido por el matasanos para mis exámenes. Primero me llegó un sobre con un tubito de ensayo y una espátula diminuta que dizque para sentarse en la taza del inodoro, arquear el cuerpo hacia adelante en una complicada posición de yoga avanzada y luego con pulso y ojo...

El primero jamás se olvida

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  Soy muy bueno en lo que hago tocayo, -me dijo sentándose frente a mi escritorio. Lo observé por un momento. Era muy joven, tal vez menos de 25 años, alto, trigueño de espesa cabellera negra, con unos ojos azabaches expresivos que cuando miraban te clavaban en el suelo como hipnotizado. Extrovertido y buen conversador, tenía más pinta de político en campaña que lo que realmente ejercía: el sicariato. Era un asiduo visitante de la redacción del periódico deportivo donde trabajábamos en New York. En los preliminares de algún encuentro deportivo, casi siempre se reunían, periodistas, comentaristas y uno que otro aficionado al que le habíamos permitido acceso a nuestras oficinas para ver el juego; él era uno de esos privilegiados. Creo que nadie en el periódico sabia en lo que realmente se ganaba la vida el muchacho, pues ocasionalmente llegaba con su joven esposa y dos preciosas niñas a saludarnos aparentando ser la familia perfecta. Agraciados y simpáticos; ella dedicada a los queha...

Con motivo de mi cumpleaños

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  Saliendo del trabajo y camino a casa, en un recorrido de aproximadamente una hora me puse a pensar en las palabras que diría esa noche en la cena de mi cumpleaños. Me asaltaron muchos pensamientos, se me avivaron infinidad de recuerdos, pero seguía sin saber por dónde comenzar. ¡Que sí!, que había pasado mucho tiempo sobre la tierra, que mi infancia era muy lejana y remota en el pasado. Que muchos se habían quedado en el camino, que cada vez quedábamos pocos y un sinfín de ideas, pero no concretaba nada en especial para decir. De pronto Facebook, que para recordarnos las fechas de cumpleaños no se lo gana nadie, me envió una foto de mis años mozos. Vi en la desgastada imagen a un Mauricio desconocido, un extraño, que si me lo hubiera encontrado de pura casualidad en la calle no lo hubiera reconocido, no sabría que ese impúber, que pasaba distraído a mi lado hubiese sido yo más de 50 años atrás. Y es que de pronto me di cuenta de que había mutado; de que, tanto en pensamiento, com...

La Samudio

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  Se ha apagado una llama que iluminó a muchos, señaló el camino de otros e irradio calor a unos cuantos más. Rozó mi vida unos pocos años. En un periplo itinerante y errático me acompañó. Pero más que todo soportó mis ausencias y mis locuras. En su soledad, siempre esperó a que ese que llegara a su puerta, fuese yo quien regresaba a su vida. Lo hice muchas veces y siempre encontraba la misma mujer dispuesta a cobijarme en sus brazos, a arroparme con la tibieza de su cuerpo. Pero mis ausencias se hicieron cada vez más espaciadas hasta que un día extravíe el camino a su puerta y me aleje para nunca más volver. Eran los tiempos de estudiante en Manhattan en el Center for the Media Arts. El cual estaba ubicado en la avenida octava con 18 calle en pleno corazón del “District Fashion” de la Gran Manzana. Aprendíamos Fotografía comercial en un horario de seis de la tarde a diez de la noche. Los estudiantes éramos un vitral de coloridas y variadas nacionalidades, en su mayoría Sudamerican...

Y te protegeré por siempre...

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  Se despertó sobresaltada, justo a la hora de siempre. La luna, dorada y redonda como una reluciente moneda de oro en la oscuridad de la noche difuminaba una luz plateada que se filtraba por los amplios ventanales del cuarto. Se sentó al borde de la cama. Miró el reloj situado en la mesita de noche, marcaba las diez en punto. Estaría por llegar, pensó para sus adentros; una cascada de recuerdos se desprendió de su memoria que lentamente la transportó al pasado. Estaban aun soñolientos tratando de despertarse un domingo en el lecho. Peter se levantó de un salto, se paró al borde del camastro, le quitó la cobija de un tirón y se quedó contemplando el desnudo y diminuto cuerpo que se ofrecía ante su lujuriosa mirada. Ella se encogía, se arrunchaba, se tapaba sexo y senos y se volvía un ovillo tratando de esconder su desnudez. Peter se reía, le apartaba las manos del cuerpo y se deleitaba mientras ella forcejeaba inútilmente tratando de zafarse. “Mi Campanita”, le decía, haciendo alu...

Infidelidad

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  Agazapado entre la tupida vegetación, mimetizado en la oscuridad de la noche esperó expectante, ansioso, casi sin respirar. Una nubecilla de mosquitos revoleteaba por su rostro. Trataba inútilmente de espantarlos, pero apenas detenía el movimiento abanicado de la mano los mosquitos arremetían con más voracidad. Secó con la manga de la camisa el copioso sudor que le empapaba el rostro, enfocó la mirada hacia el sendero del parque que, débilmente iluminado por un farol le permitía una mejor vista. Un solitario banco acompañaba al desvencijado farol que mecido por el viento se apagaba y encendía a intervalos acrecentando la lúgubre escena. A lo lejos escuchó el ladrido de un perro aproximándose. Se acomodó mejor entre los arbustos, tensó el cuerpo, al fondo por el sendero del parque la vio acercarse paseando la mascota. El animalito con el hocico a ras del suelo venia olfateando cuanta piedra, rama o vegetación se encontraba a su paso. Al aproximarse, el perro levantó el cuello, olf...

Una segunda oportunidad... en la tercera edad!

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  Al finalizar la llamada se quedó pensativa, sintió un leve temblor, un no sé qué la intranquilizaba. Una ansiedad le crecía en el estómago, y lo que no se esperaba a su edad; el sexo húmedo, palpitante, anhelante. Que le estaba pasando, se preguntó mentalmente mientras se desnudaba para meterse al baño a darse una ducha con agua fría y refrescarse un poco. Al aplicarse la crema humectante para la resequedad de la piel después de salir de la ducha sintió curiosidad, fue a pararse frente al espejo de la cómoda para apreciar su cuerpo entero; la imagen que la bruñida superficie le devolvió mostró una mujer madura completamente desconocida. Escudriñó minuciosamente su desnudez reflejada; sí bien es cierto que estaba delgada, el estómago se abultaba un poco y la piel sobrante provocaba un doblez que le arrugaba el vientre justo arriba del pubis; huellas pretéritas de sus tres embarazos, supuso. Las piernas, otrora esbeltas y torneadas, presentaban una flacidez y desigual blancura, que...