Dejémonos de hipocresías!!!
Eran las seis de la madrugada, se estaban yendo de la oficina, habíamos trabajado toda la noche en la redacción del periódico. De pronto, ya en el taxi ella se acordó de algo; le dijo a su marido que la esperara, subió corriendo las gradas, tocó la puerta. Me sorprendí cuando la vi, supuse que se le había olvidado algún papel. -Dejémonos de hipocresías- me dijo tajantemente, cerró la puerta a sus espaldas, avanzó resuelta hacia mi y comenzó a besarme. Afuera la temperatura descendía; comenzaba una pertinaz llovizna invernal que poco a poco fue solidificandose hasta convertirse en suaves copos de nieve que fueron alfombrando la calle, los carros, los tejados y en especial el taxi donde se encontraba el ansioso marido esperándola. Adentro la temperatura se acrecentaba empañando los cristales de las ventanas. Por aquellos años, en New York, en los noventas trabajaba en la redacción de un periódico deportivo, desde el cual también servíamos de base para otros periódicos y revista...