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Dejémonos de hipocresías!!!

Eran las seis de la madrugada, se estaban yendo de la oficina, habíamos trabajado toda la noche en la redacción del periódico. De pronto, ya en el taxi ella se acordó de algo; le dijo a su marido que la esperara, subió corriendo las gradas, tocó la puerta. Me sorprendí cuando la vi, supuse que se le había olvidado algún papel. -Dejémonos de hipocresías- me dijo tajantemente, cerró la puerta a sus espaldas, avanzó resuelta hacia mi y comenzó a besarme. Afuera la temperatura descendía; comenzaba una pertinaz llovizna invernal que poco a poco fue solidificandose hasta convertirse en suaves copos de nieve que fueron alfombrando la calle, los carros, los tejados y en especial el taxi donde se encontraba el ansioso marido esperándola. Adentro la temperatura se acrecentaba empañando los cristales de las ventanas. Por aquellos años, en New York, en los noventas trabajaba en la redacción de un periódico deportivo, desde el cual también servíamos de base para otros periódicos y revista...

El santuario

En una esquina, en un rinconcito frondoso, verde, acogedor se encuentra el santuario, la capilla, es sagrado, es místico, es religioso, es un altar pagano donde le rendimos culto a la madre tierra: "Pachamama". Está franqueado por dos columnas que en el cenit se encargan de darle sombra al santuario con una bóveda formada por las verdes y tupidas hojas de los dos arboles que sembramos años atrás, uno de mango y otro de aguacate. Permiten, estos dos arboles que la brisa se filtre a través de las hojas produciendo una placentera melodía, un susurrar de hojas que se rozan, se besan y acarician, y de viento que se filtra, que las aleja, que las separa, como en una sensual danza, como en un tango arrabalero en el que los cuerpos se fusionan para luego separarse y reencontrase de nuevo. Ahí, con mi patita nos refugiamos, nos escapamos de las afugias de la vida. Esta lleno de matas: de helechos de hojas cayendo despeinadas, de orquídeas y veraneras de vividas flores. T...

Un polvo fatal

El hombre salió del baño orgulloso mostrando a su mujer la dureza de su otrora muerta virilidad. La tocaba, la sobaba, sentía en sus manos un hierro candente, una espada en vilo dispuesta a penetrar la carne mas dura o el cuerpo mas ardiente. Ella, atada de pies y manos a los barrotes esquineros de la cama, ataviada con un diminuto panty rojo sin entrepierna esperaba ansiosa al potente marido, que como un toro de lidia se abalanzó sobre ella en medio de bufidos y resoplidos. Ambos sesentones, pero con un espíritu juvenil que hacían la envidia de cualquier pareja; eran el prototipo de los viejos-niños; personas de la tercera edad que se niegan a envejecer, que viven en constante aventura y exploración. Se habían conocido unos meses después del divorcio del hombre. Ella, cincuentona, delgada y morena, de cuerpo fibroso, curtido por el sol; emanaba vitalidad, alegría y unos deseos inmensos de viajar y lanzarse al mundo en busca de retos y desafíos. Esa actitud lo había seduc...

Un ajuste de cuentas

La muchachita cerró los ojos asustada, el taxista le subió la faldita, arrancó el pantaloncito y dejó al descubierto su sexo. No hubo forcejeo, ella aterrorizada cubrió sus ojos con los brazos y espero el embate del taxista. Un grito ahogado acompaño al desgarramiento que sintió en medio de sus piernas, una punzada de dolor caliente como fuego que la devoraba le fue subiendo por el cuerpo y se desmayó.   Llegamos a su estudio, un sólo cuarto grande ubicado en el bajo Manhattan, con muebles de lineas rectas y colores vibrantes; se respiraba juventud y vitalidad en cada rincón. Estaba un poco frío pues entraba el otoño, prendimos la calefacción y pusimos a hacer cafe. Nos sentamos al borde de la cama, comencé a enredar su rubia cabellera en mis dedos con suavidad, luego halé con fuerza el mechón de pelo hacia atrás quedando la cara boca arriba, me paré frente a ella, acerqué mi rostro y la bese con pasión, con fuerza; su respuesta fue un mordisco que hizo sangrar mi boc...

Una conversación banal

Una de esas tardes sabatinas en las que se reunía la familia de mi esposa a dicharachar, tomar algo y divertirse un poco, se dio el tema que siempre sacaban a colación en son de burla: la diferencia de edades entre mi esposa y yo; 20 años. Ella siempre se enojaba y los mandaba a la quinta porra, muchas veces nos íbamos antes de tiempo; usualmente y como la conocían la cogían con ella para hacerla rabiar. Esa tarde apenas tocaron el tema de la edad, de que iba a hacer ella cuando tuviera 50 y yo 70, que yo no funcionaria, que bla, bla, bla y risotadas y burlas. En ese momento alce la voz por encima de la algarabía y les dije: Familia es muy sencillo; le pago a un prostituto para que la satisfaga!. Enmudecieron, las viejas se horrorizaron y los hombres me miraron con desconfianza. Había logrado crear el impacto necesario para acallar sus risas y atraer su atención. Mas de una se hecho la bendición, miraron a mi esposa con lastima y pesar, una de ellas dijo que mi condición de a...

El regreso del hijo

El sicario aparco la moto cerca del anden justo enfrente de la puerta de la casa, acaricio la cacha del revolver que tenia en el bolsillo de la chaqueta, se sentó de lado en la moto y espero pacientemente a que el hombre que venia caminando por la acera se acercara a la puerta. Habían pasado mas de cinco años desde que su hijo había partido al extranjero a estudiar, ahora regresaba y el hombre ansioso oteaba por encima de la gente apretujada en el aeropuerto tratando de divisar la imagen de su hijo entre los pasajeros que descendían del avión. No lo identificaba, del río humano que entre equipajes y guardas del aeropuerto se movían no detectaba a la figura familiar y menuda de su hijo. A sus espaldas alguien se abalanzó sobre el y lo sujetó fuertemente: Dad!!, oyó que la persona que lo abrazaba le gritaba, volteó tratando de zafarse del desconocido sin reconocer al gigantón que lo apretujaba con efusividad. Se soltó como pudo para desde cierta distancia repasar con la mir...

Vale mas muerto que vivo

Desenroscó la transparente manguera de plástico que le suministraba el liquido que lo mantenía con vida. Despasito, muy lentamente y mirando de soslayo a su alrededor previniendo no ser descubierta, dejó caer cuatro gotitas del contenido del frasco verde que le habían recomendado. Conectó la manguera de nuevo, guardo el frasquito en el bolso y se sentó al borde de la cama a llorar por su marido moribundo, mientras sus pensamientos retrocedían en el tiempo. -Quince mil dólares me esta cobrando el muy canalla y ahora quiere que me acueste con el!. Viejo asqueroso!-. Repetía una y otra vez a su amiga mientras se empachaban con unas suculentas empanadas en un restaurante hispano de Miami. La regordeta y avejentada mujer de toscas facciones y aspecto vulgar seguía tragando empanadas, masticando y hablando a la vez en voz alta, despotricando de su situación y deseando la pronta muerte de su esposo. Había estado, por años, tratando de legalizar su estado migratorio en los Es...