Entradas

Naufragio en el rio San Juan - Ultima Parte

El sol que entraba por las ventanas, los perros ladrando mas el golpeteo de las olas en la proa de las embarcaciones nos despertaron del letargo en que nos encontrábamos; era temprano en la mañana, sudábamos copiosamente. Salimos del bohío y la brillantes del sol nos golpeó el rostro; cerramos los ojos por un instante mientras nos adaptábamos a la luminosidad del paisaje: el naciente disco solar se reflejaba en la plateada superficie del ancho río haciendo imposible mirar en esa dirección. El verdor de la tupida vegetación que en las orillas del río llegaba al borde extendiendo sus ramas hasta rozar la superficie iba del intenso verde oscuro esmeralda pasando por el verdoso aguamarina de las palmeras y los helechos hasta fundirse en un verde azuloso en el horizonte donde las montañas tocaban el cielo.   Deambulaban por entre los bohíos unas cuantas gallinas, cerdos y perros rebuscando su alimento entre las piedras y la vegetación, que al vernos salir del bohío se espantaron ...

Naufragio en el rio San Juan - Parte II

Revoloteábamos por la embarcación tratando hacer algo; de pensar, de solucionar, mientras las provisiones y nuestras pertenencias comenzaban a flotar dentro de la misma y otras a salirse por el borde. Mi papa, ante la inminencia del naufragio se tercio la escopeta al hombro y agarró a mi mama que no sabia nadar, se la acomodo en su espalda esperando parado el momento del hundimiento. a mi me toco mi hermana que tampoco sabia nadar; el negro con sus dos hijos aferrados a sus piernas nos miraba mientras tomo de una caja de la embarcación un cuerno de toro el cual sopló emitiendo un sonido grave y lastimero. Así en unos pocos minutos bajo nuestros pies se hundió la firmeza de la canoa que nos mantenía a flote y quedamos a la deriva; la ropa, los zapatos y el rifle, mas mi hermana en la espalda me impedían mantenerme a flote, me hundía y salía tratando de aguantar para bracear hacia una orilla que no divisábamos. El negro seguía tocando el cuerno cuando sus hijos aferrados al cuello se lo ...

Naufragio en el rio San Juan - Parte I

El seco golpe giró la embarcación 90 grados y el chorro de agua comenzó a entrar a borbollones por el piso de madera en la pequeña canoa con motor fuera de borda, anunciando el inminente naufragio de la misma. Estábamos navegando por la desembocadura del Río San Juan en el litoral pacifico cerca del puerto de Buanaventura en Colombia. Era la "Semana Santa" del 74 mi papa había planeado un viaje a la costa del pacifico colombiana para pescar y cazar; había quedado de reunirse con sus compañeros de cacería en el puerto de Buenaventura para tomar una lancha que nos llevaría a unas islas del pacifico donde abundaban los venados y guatines, aparte de otros animales de caza y habitaban unas cuantas familias negras residuos de la época de la esclavitud colonial en Colombia. Llegamos tarde, no me acuerdo por que contratiempo, tal vez de esos que a ultima hora surgen en nuestra amada patria y que el poeta Julio Flóres plasmó en una certera frase con la que tituló uno de sus poemas: ...

De hijo... a Papa

"El hombre no deja de amar cuando envejece, por el contrario: envejece cuando deja de amar" Pablo Picasso "Let me tell you something with all respect, you have a beautifull daughter!". Dejé de leer la etiqueta del producto que estaba revisando en el supermercado y levante la vista, era un gringo alto y fortachón de más de sesenta años que me miraba con sonrisa de complacencia y admiración señalando a mi esposa, que con un ligero vestido de playa y su pelo aun mojado, caminaba hacia mi con algo de coquetería y gracia. Ella enrojeció, yo sentí la sangre palpitar mas fuerte en mis sienes; "Gringo HP, es que estas ciego?", pensé. Pero al mirarlo, con su cara de abuelo y su sonrisa amable me calme diciéndome para mis adentros: "ciego no, con esas gafas esta viendo mejor que yo". "Oh thank you, really she is a wonderful woman!" , le conteste y seguí con el carrito de compras por el pasillo y con Patita al lado, ya recuperada del asombro...

Un buen Hombre

Si, ahora lo veía claro; el nebuloso y borroso manto que cubría sus recuerdos comenzaba a clarificarse; había sido ella, la que saliendo la noche anterior del bar con el bochorno característico de los veranos floridanos más el embotamiento producido por las cervezas se había subido al carro sofocada, sudando, sintiendo las gotitas de sudor condensarse en su espalda formando un hilillo tibio que comenzaba a bajarle por la espalda hasta llegar a sus gluteos para darle un extraño cosquilleo que más que incomodarla le produjo cierta sensación de placer que fue acrecentándose a medida que el sudor la empapaba mas y mas. No aguanto, se abalanzó sobre su amiga y con mas torpeza que pasión la abrazo, la beso, la estrujo, le desabotono la blusa liberando los níveos y adormilados pechos que a pesar de la sorpresa despertaron los pezones entumeciéndolos con firmeza. Fue salvaje. Se sofocaba, gemía, apretaba, tocaba, babeaba. La amiga, trato levemente de resistirse, de apartarla, cogiendo sus ma...

Un buen corazón

La razón -amigo mío- sí, sólo la razón debe advertirnos que perjudicar a nuestros semejantes no puede jamás hacernos felices, y nuestro corazón, que contribuir a su felicidad es lo mas grande que la naturaleza nos haya dado en la tierra. Toda moral humana se encierra en esta sola frase: hacer a los demás tan felices como uno mismo desea serlo, y no causarles nunca un mal que no quisiéramos recibir. Estos son, amigo mío, estos son los únicos principios que debemos seguir y no hay necesidad de religión ni de dios para apreciarlos y admitirlos: Sólo se necesita un buen corazón. Marques de Sade, del libro: "Diálogo entre un sacerdote y un moribundo". Fue un buen amigo, me dijo la prima señalando el cuerpo sin vida de nuestro desafortunado amigo. "Noooo" , respondió la tía de mi esposa. "Como se les ocurre decir eso, era gay y para completar ateo, no iba a misa, no creía en Dios, por algo se murió" . sentenció con sus habituales comentarios ponzoñosos y vene...

Viene a matarme (Cuento breve)

"Viene a matarme"' le dijo la asustada mujer a su interlocutora  "Ridícula" le contesto, "como se te ocurre decir semejante disparate, si fue tu marido". La mujer guardo silencio (cosa que nunca hacia) y se sumió en sus pensamientos. A su memoria acudió aquella lluviosa noche de diciembre, muchos años atrás, cuando llevaban poco más de un año de casados, en que él llegó pasado de tragos y sin motivo alguno la halo del pelo acercándola violentamente a su cara para decirle: "aun esta caliente, mirálo!, todavía esta humeante!, no me tembló la mano para usarlo y no me temblará para lo que sea!, así que mucho cuidado que a mi el que me la hace me la paga y doble!" . Ella aun sentía el aliento a rancio licor y el olor a pólvora del revolver que su marido le había mostrado aquella vez. Miro de nuevo a su interlocutora: "tu no sabes como es el", le dijo. En su cabeza iban y venían trozos de malos recuerdos, temores y angustias que vivie...