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She's Pure

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Con el matrimonio de su hermana menor aproximándose, mi jefe, un jamaiquino educado en Nueva York, se encontraba muy nervioso encargado de los preparativos de la boda, con todo el andamiaje que el acontecimiento ameritaba. Entraba y salía de la oficina con el teléfono al oído dando órdenes, haciendo pedidos y concretando el personal adecuado para el magno evento. Hablaba a los gritos como es costumbre de la gente caribeña; parecía enojado a todo momento. El hombre había sido criado por un padre estricto, evangélico y pastor de su comunidad. Tenia unos preceptos muy anticuados, una moral cerrada y acartonada que parecía atascada en el siglo 17 o 18 de la época del oscurantismo católico con la quema de brujas y la inquisición. Estaría en los cuarenta años, vivía con su segunda esposa y cinco hijos; tres de la primera y dos de la actual.   En muchas ocasiones cuando recogía a sus dos mayores hijos de la escuela; una niña de 8 y un varón de 10 años, para tenerlos en la oficina mientras...

Los fans de Messi

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  Llegaron con risitas sospechosas y cómplices. Se sentaron en la sala, nos miraron con duda para luego decirnos casi que en coro: ¡Simón se desmayó! Eran Mateo, con su mejor amigo Simón, (el desmayado) y la novia de este, Sofia.   Mi esposa, que tiene el síndrome de mama pata se abalanzó sobre el muchacho que aun pálido se recuperaba casi que acostado en el sofá de la sala. ¿Pero que les pasó?, donde andaban?, ¿que comieron que les cayó mal?, les preguntaba mientras le tocaba la frente buscando algún síntoma de malestar. Se miraron como preguntándose quien hablaría primero, pero después de una interminable pausa Mateo respondió: fuimos a donar sangre mama. Patita como impulsada por un resorte se levantó del sillón y les preguntó: ¿Como?, y que les prometieron a cambio, porque ustedes no donan sangre a si como así, de gratis, yo los conozco muy bien! Volvió la pausa y de nuevo se miraron con risitas. Pues... comenzó Mateo diciendo, unas boletas para el juego de Messi el próxim...

Un Instrumento del Señor

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  Relato encontrado en la gaveta de un escritorio en la sacristía de la Parroquia del barrio San Nicolas de la ciudad de Santiago de Cali, año 1956. -Los pecados de la carne se curan pecando hija mía. -No entiendo padre. -Mi devota mujer, ¿recuerdas a santa Teresa de Jesús o Juana de Arco, que ardían en un torbellino de pasión y lujuria irresistible? -Mas o menos padre. -Ellas levitaban en éxtasis divino apesadumbradas por los demonios que las poseían, consumían y atormentaban. - ¿Como padre, no entiendo? -Se frotaban un crucifijo en medio de las piernas para expulsar los demonios de la carne. ¡Y los expelían mi devota señora! Sus cuerpos se estremecían, contraían los músculos apretaban y apartaban las piernas para luego, en un paroxismo de placer y locura abrir el dique para que los viscosos demonios salieran a chorros humedeciendo sabanas y crucifijo; lavándoles el pecado. -Padre, dígame la verdad, ¿usted cree que eso conmigo funcionaria? -Hija, si no lo creyera no se lo estuvier...

Las adorables suegritas

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  Lo que narro a continuación son situaciones inventadas, nacidas de mi creatividad. Cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia, fortuito azar. No me responsabilizo si alguien se identifica con los personajes.   Coincidieron, solo sé que coincidieron y por tres días habitaron bajo el mismo techo. Midieron fuerzas, marcaron territorio, impusieron leyes, criterios y se fueron triunfantes, cada una con sus derrotas y victorias. La una cayó del norte y la otra aterrizó del sur, cada una con conocimiento de causa y título de propiedad. Las dos suegras, la adoptiva y la biológica daban por sentado, que conocían más los gustos de mi esposa que la otra. Por tal motivo en un tira y encoge o corre que te alcanzo, comenzaron tres días de convivencia con batallas perdidas y ganadas en ambos bandos, además de treguas pactadas en el fragor de las contiendas más encendidas. Después de los abrazos de rigor y los efusivos saludos; al siguiente día cada una se levantó a tomar poses...

Un amor para la eternidad

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  Miró a través del amplio ventanal que daba a la piscina. No la vió en la silla para asolearse que usualmente usaba. Desde la cocina donde le preparaba un coctel la llamó. - ¿Querida ya vienes? -Del cuarto surgió una voz que le replicaba que, en un momento, que se estaba cambiando de ropa. Siguió preparando la bebida mientras le ordenaba a Alexa que pusiera música romántica, en ese momento la vio salir del cuarto, se le atropellaron los recuerdos que brotaban de la memoria, una lagrima rodó por su mejilla. Fueron más de 40 años juntos y aun al verla en vestido de baño se le aprisionaba en el corazón el amor que le profesaba y que no dejaba partir. Abrió la puerta de vidrio corrediza que separaba la cocina del patio y daba acceso a la piscina, se acercó a ella que ya reposaba acostada sobre la silla recibiendo el sol de la mañana. -Estas tan bella como siempre mi amor, -le dijo mientras depositaba el licor en la mesita del patio, ella lo miró y solo esbozó una leve sonrisa. Puse la...