Escribo para mi

 


Sentarse a retroceder el calendario, volver a los orígenes después de haber vivido tanto, es una labor ardua. Por más que lo intente, muchas historias —demasiadas vivencias— quedarán ocultas bajo miles de recuerdos que nunca volverán a salir a la luz.

Los acontecimientos remotos se pierden en los vericuetos de la memoria, se extravían en los archivos del pasado y se cubren con un manto nebuloso que ya no logro penetrar.

Sin embargo, cuando me siento a escribir, la música me ayuda a evocar recuerdos y el vino me devuelve remembranzas. Entonces comienzan a llegar las historias. Es como si un corto video se proyectara en mi mente y reviviera una escena durante apenas unos segundos.

Tengo que atraparla antes de que desaparezca. Tecleo frenéticamente, sin detenerme a corregir la gramática ni la ortografía. Es la piedra de mármol en bruto que el escultor talla, tosco y obsesivo; es el primer boceto sobre el lienzo que el pintor traza, poseído por sus demonios creativos.

Cuando me detengo, parece que las letras se borraran del teclado y la película se apagara en mi mente.

Entonces comienza otra etapa: la estética, la creativa. La que adereza el escrito, inventa situaciones, corrige, borra y añade. La que crea el suspenso necesario para que el lector continúe, quiera descubrir qué ocurre en el siguiente párrafo y llegue al final complacido.

Me gusta escribir. Me resulta satisfactorio y reconfortante.

¿Para qué escribo? ¿Para quién?

Escribo para mí. Es mi catarsis: lo que me libera de los demonios del pasado y de las tentaciones del presente. Mis palabras alivianan la carga y me permiten dormir tranquilo.

Que mis escritos carguen con el peso de mis culpas. Que ellos sean juzgados por mis pecados; que mis desaciertos los avergüencen y mis aciertos los enorgullezcan.

Es mi legado. Mi pequeña supervivencia frente al olvido. La inmortalidad que perdura en lo que escribo; la música que no se calla en mis canciones. Es mi esencia, mi espíritu juguetón y travieso, burlándose del polvo que, algún día, todos seremos.

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