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Los diez a tres mil

Si, volvió y repitió: es una buena oportunidad para que unos cuantos ilegales obtengan documentos directamente de inmigración. Mientras hablaba y gesticulaba, me remonte al momento de conocerla;  frisaba los cincuenta, pero como toda buena mulata y caribeña, mantenía sus carnes firmes y su delgada figura bien torneada. Se me había presentado como psíquica, clarividente y adivinadora, un don, que según ella se le había manifestado desde muy niña allá en su natal Santo Domingo, cuando la abuela la llevaba al cementerio a visitar a los muertos y ella, a esa corta edad conversaba con muchos de ellos. Su abuela la consideraba fantasiosa y soñadora, dejándola conversar con sus amigos imaginarios mientras ella le rezaba a su esposo, hasta que un día el abuelo le mandó un mensaje que la dejó fría, pues era algo muy personal, muy de ellos dos y esa niña no tendría por que saberlo. A partir de ahí la miró con otros ojos, le tenia un poco de miedo y mucho respeto, demasiado pues le permitía ...

La Plumita

Mijo?. Que?. Estuve oyendo un programa radial donde hablaban de una plumita. Y? Papi es algo novedoso… un juguete! Los niños ya tienen muchos juguetes, para que mas? No mijo, no me ha entendido. Si ve que yo le hablo y usted no pone cuidado! Claro mija una plumita no?, de eso estamos hablando. Si pero el programa era de una sexologa muy reconocida. ¡Sexologa!?, quiere que le haga cosquillas o qué? Si ve papi que usted no me toma en serio, déjeme le explico…. … y la plumita se pasa por la espalda y una se eriza lo mas de rico papi. Estacionamos el carro a una distancia prudente del luminoso aviso que en grandes y centelleantes letras rojas decía: “ADULT TOYS”. Que vergüenza, le dije a mi esposa, si algún conocido, ve mi carro aquí, lo primero que va a pensar es que ya no funciono y que estoy buscando un…. bueno mija usted sabe que dirán. La dependiente, una rubia enorme, abundante en carnes y con unos pechos como para amamantar una guardería entera, apenas nos vio se levanto y al vaivé...

La Marucha

Fue a finales de los noventa, en Manhattan, New York, cuando la conocimos; llegó tarde, como siempre disculpándose y riéndose. Era el primer día de clases. Comenzaba un semestre mas de "Commercial Photography" en el "Center for the Media Arts" y mi amigo y yo, que ya habíamos terminado los estudios, estábamos trabajando en la academia, en el laboratorio de fotografía. En aquella época, aun existían los cuartos oscuros donde se revelaban los rollos fotográficos y se imprimían las imágenes en cubetas de revelado. Casi siempre recibíamos a los nuevos alumnos y les hacíamos un recorrido por la escuela: comenzábamos por el primer piso donde estaban los estudios fotográficos con sus enormes rollos de papel o lienzo que hacían las veces de "background", las luces de estudio, los flashes, las cámaras de fuelle de 5x7 montadas en los pesados trípodes de patas firmes, luego en el tercer piso estaban ubicados los pequeños y oscuros cubículos que contenían cada uno...

El día de Acción de Gracias

Las navidades en casa comienzan en la celebración de Acción de Gracias; es el día en que me levanto temprano, abro las puertas y ventanas de la casa y dejo que el viento frío del norte entre por toda ella, la refresque, la renueve, dejo que el aire entre por todos los rincones y se lleve las energías negativas, que la sacuda, que la ponga a vibrar. En la cocina comienzo los preparativos para la cena: lo primero que hago es colocar la música decembrina, las parrandas navideñas, las trullas boricuas y los melomerengues; música que me transporta al pasado, a los muchos diciembres en que he bebido, bailado y comido. Saco de la nevera el pavo y los perniles que han estado adobandose en vino y cerveza con especies aromáticas por mas de tres días. Preparo la tradicional ensalada de papa, acompañamiento obligado de todo plato en las fiestas colombianas. Claro, también destapo una botella de vino tinto, un Merlot y al ritmo de la música y el corre corre por la cocina voy consumiendo la botella...

Aquella madrugada

“Cierre mi mano piadosa tus ojos de blanco sueño, y empape suave beleño tus lágrimas de dolor. Yo calmaré tu quebranto y tus dolientes gemidos, apagando los latidos de tu herido corazón”. José de Espronceda (España, 1908-1842) Esa madrugada en particular se había levantado muy temprano; dio muchas vueltas en la cama tratando de conciliar el sueño pero le fue imposible. El calor húmedo y pegajoso mas el repetitivo ronroneo del ventilador lo exasperaban, lo desvelaban e intranquilizaban. En la noche, en la duermevela del silencio, al voltear el cuerpo buscando acomodo para sus dolencias rozó el de su esposa; abrió los ojos y delineo en la penumbra su contorno: se había engordado demasiado, yacía plácidamente en la cama con su bata de dormir enrollada hasta la cintura en una posición fetal que le dejaba al descubierto su descuidada y abultada figura. Habían pasado los años; de los últimos rescoldos de la llama de la juvenil pasión que los unió solo quedaban unas cenizas que el tedio se ha...

La jubilación del tío

La hélice del helicóptero se acercó peligrosamente a su cara, se asusto, perdió el control y se fue de espaldas al piso. Estaba llegando a la edad del retiro, su jubilación venia en camino. El tiempo del ocio se le acercaba y lo tomaba desprevenido, no sabia que hacer. Hombre acostumbrado al trabajo de seis a seis en su oficina y muchas veces en su casa hasta bien entrada la noche, siempre ocupado, siempre corriendo, siempre sin tiempo. Llegó el día en que se levanto corriendo para irse a… "a donde mijo si hoy es tu primer día de retiro" , le dijo su esposa frenándole los ímpetus y sentándolo en la cama de nuevo con un leve y cariñoso empujón. Quedo en shock. Ahora le sobraba lo que nunca tuvo: tiempo. "Hombre, comprate un perrito" , le dijo su amigo de toda la vida, "que sea pequeño, son divertidos y se te va el tiempo rápido jugando con el", y terminó dicíendole: "lo mas emocionante de todo es cuando lo sacas a pasear al parque, las muchacha...

9/11

Ya había llegado a la redacción del periódico, un edificio situado en un suburbio de Queens llamado Woodside. Las oficinas estaban en el segundo piso, cuya ventana dibujaba una impresionante postal del bajo Manhattan, mostrando la imagen sobrecargada de rascacielos y construcciones monumentales que, desde acá, parecía no había lugar ni para las calles; de estos edificios sobresalían los "Gemelos" , que semejaban las dos piernas de un gigante clavadas en la tierra cuyo cuerpo se perdiera arriba en el infinito cielo cubierto de nubes. Las oficinas de periódico se componían de tres cuartos; el primero era la recepción, el segundo la sala de redacción y el tercero la oficina del "publisher" . Estábamos en mi oficina con el editor y el jefe de redacción opinando sobre los sucesos deportivos del día anterior cuando oímos por televisión que una pequeña avioneta se había estrellado accidentalmente contra la torre norte del "World Trade center" . Nos asomamos inmed...