Llegando a los cincuenta
Esta mañana, al salir de la ducha, toda ella mojada, fresca y desnuda; la pude observar más detenidamente. Estaba entrando en sus cincuenta. Habían pasado más de 25 años desde que la vi por primera vez así, desnuda, temblando de pasión; entregando cuerpo y destino a un hombre en una relación que no tenía futuro alguno, pero que selló, en una sola noche el devenir y caminar de dos vidas. Que unió en un raro encuentro inesperado y fortuito a dos personas que, habiendo nacido en la misma ciudad, pero en épocas muy distantes, viajaron más de 4 mil kilómetros, cada una por su lado, en diferentes tiempos a la ciudad de Nueva York, para que en una coincidencia aún más inesperada encontrarse en el caótico tumulto de los más de 8 millones de habitantes que la componen.
Esa mujer es mi esposa, mi compañera de ruta, de vida, de viajes y sueños. Con ella estoy llegando al atardecer de mi existencia, con ella aprendí a ser padre, a ser esposo, a ser fiel.
Ahora, que el tiempo se le ha acumulado, que en su pelo asoman destellos plateados, que su piel ha perdido la frescura de la juventud, pero tiene la dulzura de la fruta madura, que su rostro refleja el devenir del tiempo haciéndola sabia y serena, que su cuerpo otrora esbelto y ágil, soporta, al caminar la serena calidez de un bello atardecer, ahora es cuando más disfruto de su compañía, ahora es cuando al mirar en retrospectiva veo y comprendo lo afortunado que fui al encontrarla.
Observarla en las madrugadas, cuando se levanta adormecida y se dirige a la cocina guiada por el aroma del café que le he preparado, es un deleite que cada día, como en un ritual sagrado disfruto y atesoro en mi memoria.
Han pasado los años; nuestros hijos se han hecho hombres, la cotidianidad y las costumbres han ido cambiando; de la algarabía de los chicos en los inicios, al silencio de su adolescencia en sus cuartos, de las fiestas de cumpleaños interminables a las celebraciones intimas y personales. De las amanecidas cantando rancheras a los abrazos en el sofá viendo películas adormilados y arrunchados. El círculo de amigos se ha reducido, pero el horizonte se ha ampliado. Somos otros, con el amor crecido y sereno, remanso calmado de una vida plena y satisfecha.
Hemos cambiado y me gustan los cambios. Ya no trasnochamos, madrugamos, no bebemos, degustamos un buen vino. Cambiamos las parrandas por los viajes y casi siempre vamos ella y yo y ella me llena y mi mundo se reduce a ella y con ella, de la mano como decía Machado “Caminante no hay camino, se hace camino al andar”, hemos comenzado a hacer caminos y memorias en esta nueva etapa de nuestras vidas.
Febrero 3, 2025

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