menos FACE, mas BOOK
"La ciberadicción se establece cuando el niño deja de verse con sus amigos y se instala frente a la pantalla con sus videojuegos, el adolescente presta más atención a su Iphone que a su novia o el joven no rinde en los estudios porque revisa obsesivamente su correo electrónico. En todos estos casos hay una clara interferencia negativa en la vida cotidiana." (Estallo, 2001).
Mirando a mi alrededor, ya sea en el parque, la playa, restaurante o sala de cualquier casa, observo que el 99% de las personas están absortas, hipnotizadas con el rectangular y mágico aparato inteligente que les permite acceder al internet. De ese 99%, el 98% están navegando por las redes sociales, idiotizados compartiendo videos estúpidos que en cuestión de minutos se vuelven virales o de contenido religioso que nos invitan a darle “me gusta” al mensaje, o condenarnos en el fuego eterno en caso de ignorarlo.
Semejante a una nueva droga, en este caso cibernética o virtual se va apoderando de la voluntad de las personas, de su tiempo de ocio, de su tiempo en el trabajo o en las cenas y reuniones familiares. Ahora no se dialoga, se “textea”; no se enamora, se “sextea”; no se pregunta, se “googlea”, no se consulta un manual o un diccionario, se “youtubea”. No niego que como herramienta de consulta sirve, yo mismo la uso en mi trabajo como diseñador gráfico, pero cuando se usa para matar el tiempo mientras esperamos, descansamos o como hacen los jovenes de hoy en dia; ver televisión y con teléfono en mano van revisando cuanta red social existe, es un claro síntoma de ansiedad adictiva.
Y es incontrolable y deplorable; según un estudio reciente, los investigadores del College of Education, Health and Human Services de la Universidad Estatal de Kent en Ohio informaron que el uso frecuente de teléfono celular parece estar asociado con el bajo rendimiento académico, ansiedad e infelicidad en los estudiantes. Según lo informado por el Medical News Today.
Fundamentalmente, eso de estar pasando con el pulgar indefinidamente secuencias de las redes sociales viendo imágenes y leyendo solo los títulos o subtítulos de los miles de artículos y noticias que nos llegan, sin nunca abrir la pagina de la información ni leerla completamente, nos limita el deseo de leer, nos atrofia el gusto por la lectura. Ocurre con los jóvenes, los "millennium", ellos no leen a profundidad un tema, un articulo o un libro, solo escanean pagina por pagina, como saltando los párrafos y leyendo al azar la letra en negrilla o solamente el inicio de los mismos sin terminar la lectura y mucho menos comprender lo que leyeron y ni tan siquiera guardarlo en la memoria.
Es deplorable y lamentable como nos dirigimos vertiginosamente a un mundo sin lectores, sin dialogo, sin comunicación verbal. Asusta ver en una sala cuatro o cinco joven reunidos para pasar un rato agradable en compañía… pero todos están absortos en sus teléfonos con la cara agachada, tecleando, abriendo ventanas o cerrando otras y compartiendo imágenes o vídeos que los hacen soltar alguna carcajada para levantar la vista mirarse por un segundo y volver al hipnótico aparato. Luego se despiden solo para seguir cada uno en su casa conectados y continuar llenando sus cerebros de nada y vaciándolos de todo.
Estamos asistiendo al inicio de la ruina del pensamiento, viendo a una juventud automatizada, idiotizada, ansiosa de imágenes superfluas, de videos estúpidos, de mensajes banales; una juventud sin futuro, sin nada en que pensar, sin problemas que resolver, sin preguntas que hacer, sin sueños que realizar.
Hace unos cuantos años, en el nacimiento de mi generación ocurrió lo mismo con la invención del televisor. Se prendieron las alarmas, hablaron y vaticinaron los sociólogos, psicólogos, los que podían y tenían derecho del inminente peligro, de la adicción y riesgos de enfermedad, perdida de visión y muchos otros efectos secundarios de estar sentados frente al televisor por muchas horas al día. Pero el televisor se quedaba en casa cuando salías a trabajar, a caminar, a la playa o algún otro tipo de actividad fuera de casa. Ahora es totalmente diferente y absorbente, el teléfono o tableta va contigo a todas partes, no lo dejas ni haciendo ejercicio, pues en la caminadora o bicicleta estática lo prendes y sigues absorto, hipnotizado e idiotizado mirando la rectangular pantalla.
Ya no se disfruta de un viaje por carretera. Atrás quedaron los días en que era un placer ir descubriendo en cada vuelta del camino un paisaje nuevo, un lago hermoso, casas campestres acogedoras, arboles florecidos en primavera o acuarelas ocres en otoño. Todos exceptuando el conductor van cabizbajos moviendo frenéticamente los pulgares en silencio, mudos de espíritu, entes vivientes atrapados en un mundo digital e irreal que no les permite disfrutar del maravilloso y extraordinario proceso biológico de estar vivos.
Y mucho menos del fascinante viaje que de la mano en cada pagina nos llevan los libros por fantásticos mundos de historias increíbles que nos enseñan, que nos muestran, que nos educan y permiten conocer culturas, países y personajes sin salir de casa.
Una pequeña voz de alarma se me ha encendido y me ha impulsado a escribir esto. Lo estoy viviendo en mi casa con mis hijos y mi mujer cuando llego de trabajar y cada cual esta en su cuarto absorto, ensimismado en su teléfono, en los vericuetos de la red. Qué esto es el modernismo. qué es la tecnología, qué no haga caso, qué como toda moda llegará el día en que pase, me dicen unos cuantos, tal vez, pero cuando veo a una joven mama en el supermercado arrastrando el carrito de compras mas un coche con un bebe de menos de dos años jugando con un teléfono en la mano y tecleando frenéticamente para acceder a la ciberdroga que calmara sus ansias de llorar, me doy cuenta que el mundo va cuesta abajo.
Consultando en la web sin llegar a la adición, encontré estas pautas que nos pueden ayudar con nuestros hijos y su ciberadicción antes de que sea demasiado tarde.
Estrategias de prevención
Los padres y educadores deben ayudar a los adolescentes a desarrollar la habilidad de la comunicación cara a cara, lo que, entre otras cosas, supone (Ramón-Cortés, 2010):
a. Limitar el uso de aparatos y pactar las horas de uso del ordenador.
b. Fomentar la relación con otras personas.
c. Potenciar aficiones tales como la lectura, el cine y otras actividades culturales.
d. Estimular el deporte y las actividades en equipo.
e. Desarrollar actividades grupales, como las vinculadas al voluntariado.
f. Estimular la comunicación y el diálogo en la propia familia.
La limitación del tiempo de conexión a la red en la infancia y adolescencia (no más de 1,5-2 horas diarias, con la excepción de los fines de semana), así como la ubicación de los ordenadores en lugares comunes (el salón, por ejemplo) y el control de los contenidos, constituyen estrategias adicionales de interés (Mayorgas, 2009).
Mirando a mi alrededor, ya sea en el parque, la playa, restaurante o sala de cualquier casa, observo que el 99% de las personas están absortas, hipnotizadas con el rectangular y mágico aparato inteligente que les permite acceder al internet. De ese 99%, el 98% están navegando por las redes sociales, idiotizados compartiendo videos estúpidos que en cuestión de minutos se vuelven virales o de contenido religioso que nos invitan a darle “me gusta” al mensaje, o condenarnos en el fuego eterno en caso de ignorarlo.
Semejante a una nueva droga, en este caso cibernética o virtual se va apoderando de la voluntad de las personas, de su tiempo de ocio, de su tiempo en el trabajo o en las cenas y reuniones familiares. Ahora no se dialoga, se “textea”; no se enamora, se “sextea”; no se pregunta, se “googlea”, no se consulta un manual o un diccionario, se “youtubea”. No niego que como herramienta de consulta sirve, yo mismo la uso en mi trabajo como diseñador gráfico, pero cuando se usa para matar el tiempo mientras esperamos, descansamos o como hacen los jovenes de hoy en dia; ver televisión y con teléfono en mano van revisando cuanta red social existe, es un claro síntoma de ansiedad adictiva.
Y es incontrolable y deplorable; según un estudio reciente, los investigadores del College of Education, Health and Human Services de la Universidad Estatal de Kent en Ohio informaron que el uso frecuente de teléfono celular parece estar asociado con el bajo rendimiento académico, ansiedad e infelicidad en los estudiantes. Según lo informado por el Medical News Today.
Fundamentalmente, eso de estar pasando con el pulgar indefinidamente secuencias de las redes sociales viendo imágenes y leyendo solo los títulos o subtítulos de los miles de artículos y noticias que nos llegan, sin nunca abrir la pagina de la información ni leerla completamente, nos limita el deseo de leer, nos atrofia el gusto por la lectura. Ocurre con los jóvenes, los "millennium", ellos no leen a profundidad un tema, un articulo o un libro, solo escanean pagina por pagina, como saltando los párrafos y leyendo al azar la letra en negrilla o solamente el inicio de los mismos sin terminar la lectura y mucho menos comprender lo que leyeron y ni tan siquiera guardarlo en la memoria.
Es deplorable y lamentable como nos dirigimos vertiginosamente a un mundo sin lectores, sin dialogo, sin comunicación verbal. Asusta ver en una sala cuatro o cinco joven reunidos para pasar un rato agradable en compañía… pero todos están absortos en sus teléfonos con la cara agachada, tecleando, abriendo ventanas o cerrando otras y compartiendo imágenes o vídeos que los hacen soltar alguna carcajada para levantar la vista mirarse por un segundo y volver al hipnótico aparato. Luego se despiden solo para seguir cada uno en su casa conectados y continuar llenando sus cerebros de nada y vaciándolos de todo.
Estamos asistiendo al inicio de la ruina del pensamiento, viendo a una juventud automatizada, idiotizada, ansiosa de imágenes superfluas, de videos estúpidos, de mensajes banales; una juventud sin futuro, sin nada en que pensar, sin problemas que resolver, sin preguntas que hacer, sin sueños que realizar.
Hace unos cuantos años, en el nacimiento de mi generación ocurrió lo mismo con la invención del televisor. Se prendieron las alarmas, hablaron y vaticinaron los sociólogos, psicólogos, los que podían y tenían derecho del inminente peligro, de la adicción y riesgos de enfermedad, perdida de visión y muchos otros efectos secundarios de estar sentados frente al televisor por muchas horas al día. Pero el televisor se quedaba en casa cuando salías a trabajar, a caminar, a la playa o algún otro tipo de actividad fuera de casa. Ahora es totalmente diferente y absorbente, el teléfono o tableta va contigo a todas partes, no lo dejas ni haciendo ejercicio, pues en la caminadora o bicicleta estática lo prendes y sigues absorto, hipnotizado e idiotizado mirando la rectangular pantalla.
Ya no se disfruta de un viaje por carretera. Atrás quedaron los días en que era un placer ir descubriendo en cada vuelta del camino un paisaje nuevo, un lago hermoso, casas campestres acogedoras, arboles florecidos en primavera o acuarelas ocres en otoño. Todos exceptuando el conductor van cabizbajos moviendo frenéticamente los pulgares en silencio, mudos de espíritu, entes vivientes atrapados en un mundo digital e irreal que no les permite disfrutar del maravilloso y extraordinario proceso biológico de estar vivos.
Y mucho menos del fascinante viaje que de la mano en cada pagina nos llevan los libros por fantásticos mundos de historias increíbles que nos enseñan, que nos muestran, que nos educan y permiten conocer culturas, países y personajes sin salir de casa.
Una pequeña voz de alarma se me ha encendido y me ha impulsado a escribir esto. Lo estoy viviendo en mi casa con mis hijos y mi mujer cuando llego de trabajar y cada cual esta en su cuarto absorto, ensimismado en su teléfono, en los vericuetos de la red. Qué esto es el modernismo. qué es la tecnología, qué no haga caso, qué como toda moda llegará el día en que pase, me dicen unos cuantos, tal vez, pero cuando veo a una joven mama en el supermercado arrastrando el carrito de compras mas un coche con un bebe de menos de dos años jugando con un teléfono en la mano y tecleando frenéticamente para acceder a la ciberdroga que calmara sus ansias de llorar, me doy cuenta que el mundo va cuesta abajo.
Consultando en la web sin llegar a la adición, encontré estas pautas que nos pueden ayudar con nuestros hijos y su ciberadicción antes de que sea demasiado tarde.
Estrategias de prevención
Los padres y educadores deben ayudar a los adolescentes a desarrollar la habilidad de la comunicación cara a cara, lo que, entre otras cosas, supone (Ramón-Cortés, 2010):
a. Limitar el uso de aparatos y pactar las horas de uso del ordenador.
b. Fomentar la relación con otras personas.
c. Potenciar aficiones tales como la lectura, el cine y otras actividades culturales.
d. Estimular el deporte y las actividades en equipo.
e. Desarrollar actividades grupales, como las vinculadas al voluntariado.
f. Estimular la comunicación y el diálogo en la propia familia.
La limitación del tiempo de conexión a la red en la infancia y adolescencia (no más de 1,5-2 horas diarias, con la excepción de los fines de semana), así como la ubicación de los ordenadores en lugares comunes (el salón, por ejemplo) y el control de los contenidos, constituyen estrategias adicionales de interés (Mayorgas, 2009).
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