La jauría
Aparcó el SUV justo frente al garaje de la casa y se dispuso a pulsar el dispositivo automático para abrir la puerta e ingresar el carro. El día había sido agotador; más de 12 horas de trabajo; una refrescante ducha y la mullida cama le susurraban al oído que lo esperaban para consentirlo. Recostó la cabeza en el respaldo del auto mientras veía subir la puerta del garaje silenciosamente. Mientras la puerta subía con su parsimonia habitual, giró el cuello un par de veces para disminuir la tensión y relajar el estrés del arduo día. Inesperadamente el crepitar de una estampida, un estruendo de patitas en tropel y el aullido de una jauría en diferentes decibeles lo alertaron; se incorporó sobre el timón sin dar crédito a la surrealista escena que se sucedía ante sus ojos. Salieron del garaje, como quien libera una bandada de gallinas de la jaula, casi volando en todas las direcciones, más de una decena de perros como si les hubieran prendido fuego a las colas. En su asom...