Llegando a los cincuenta
Esta mañana, al salir de la ducha, toda ella mojada, fresca y desnuda; la pude observar más detenidamente. Estaba entrando en sus cincuenta. Habían pasado más de 25 años desde que la vi por primera vez así, desnuda, temblando de pasión; entregando cuerpo y destino a un hombre en una relación que no tenía futuro alguno, pero que selló, en una sola noche el devenir y caminar de dos vidas. Que unió en un raro encuentro inesperado y fortuito a dos personas que, habiendo nacido en la misma ciudad, pero en épocas muy distantes, viajaron más de 4 mil kilómetros, cada una por su lado, en diferentes tiempos a la ciudad de Nueva York, para que en una coincidencia aún más inesperada encontrarse en el caótico tumulto de los más de 8 millones de habitantes que la componen. Esa mujer es mi esposa, mi compañera de ruta, de vida, de viajes y sueños. Con ella estoy llegando al atardecer de mi existencia, con ella aprendí a ser padre, a ser esposo, a ser fiel. Ahora, que el tiempo se le ha ...