Un Héroe Anónimo
Miró de reojo el reloj, llevaba 5 minutos en el cuarto de baño. Aquietó la respiración tratando de contener la impotencia, de serenar la frustración. Sollozaba en silencio, para sus adentros; repasando los angustiosos momentos vividos minutos atrás en el quirófano. Como hombre de ciencia sabía de la inevitabilidad de la muerte, del esfuerzo inútil al tratar de mantener con vida un cuerpo agotado y desbastado por el paso de los años, o carcomido por alguna enfermedad incurable. Pero esa era su misión, agotar recursos, posponer lo inevitable, extender las esperanzas de los familiares y la vida de los aquejados. Para eso hizo el Juramento Hipocrático; se había comprometido ética y moralmente con la profesión médica, él estaba al servicio de la humanidad y al cuidado de sus pacientes. Así como los sacerdotes consagraban su vida al servicio de Dios, él la había consagrado al servicio de la ciencia. Dos mundos opuestos que, como creyente, sabía surfear para no resbalar y hundirse en un...