Milo, el hermoso
Sucedió la noche del Dia de Acción de Gracias; para ser más precisos la semana pasada del año en curso, 2024.
Celebrábamos como dije anteriormente, la cena de Accion de Gracias en casa, con la familia y amigos cercanos. La decoración, como es usual había corrido a cargo de mi hermano; con unos cuantos toques y sugerencias de mi esposa y la sobrina que tiene un exquisito gusto para maquillarse, vestirse y emperifollarse como es debido (no me tergiversen esa última palabrita, que es sinónimo de enjoyarse y de nada más).
Después de las 7 de la noche comenzamos a presentar la mesa con los diferentes y suculentos platos que los invitados aportaron. El Pavo, siendo el rey de la ceremonia ocupaba el centro de la mesa, con su dorada pechuga hacia arriba, semejando una voluptuosa francesa en Saint-Tropez dorando sus pechos al sol en la playa.
Mi hermana y su esposo aparecieron primero; ella con el vino tinto en sus manos y mi cuñado, abrazado a un paquete de 24 cervezas dizque para calmar la sed y encender los ánimos.
La tía de mi esposa, casi que les venia pisando los talones pues irrumpió en la puerta vociferando que la olla de arroz con gandules que había preparado estaba muy pesada y que si querían comer ese exquisito manjar tendrían que ir por ella al carro.
Después llegaron los Pura Vida; Amigos de vieja data, pero esta vez ella con su mama y sus tres hijos ya creciditos y de buen apetito. Recuperándose aun del divorcio y con la bandera de la libertad ondeando en su cara y vestimenta; lista para franquear la puerta del mercado de usados, pero en buen estado; un solo dueño y poco millaje, según pregonaba.
A la novia de nuestro hijo mayor, se le adelanto en llegar la mama, que como siempre, nos sorprendió haciendo una entrada triunfal y apoteósica; falda larga ajustada al cuerpo, abertura lateral y chaqueta plateada, brillante y pulida como cáliz de consagrar y unas chispas de brillantina en el rostro, que, al reírse, centelleaba cual Cielo nocturno poblado de estrellas.
La hija de nuestra deslumbrante estrella o sea la novia de nuestro hijo, llegó como siempre a la hora fijada, pero, adelante en el tiempo; de vestimenta suelta y ancha, con un estilo que la hace unica y exclusiva. Desenvuelta en sus maneras y caminado con soltura; inundo la casa con su risa, abrazos y saludos por doquier pues es una anfitriona excelente y no pasa desapercibida en ninguna reunión.
La sorpresa de la noche la tenía bien guardada mi esposa; era un invitado rimbombante, un compañero de trabajo que en los siguientes párrafos pasare a describir pues merece un capítulo aparte.
Milo le decían y al pronunciarlo se les hacía agua la boca a todas y todes, chorreaban la baba como dirían las viejas envidiosas del barrio. Decían que era italiano, decían que era un viajero del mundo, decían que era tímido, que era alto, que era bello, que era todo lo que sueñan las mujeres al dormirse abrazadas a una almohada.
Pues el tal Milo apareció en el marco de la puerta con su imponente figura. La primera en abalanzarse a recibirlo con un fuerte y caluroso abrazo fue mi esposa; el adonis, alto como una palma de coco del valle de Cocora en Salento, se doblaba para abrazar a las invitadas que hacían nerviosamente cola para saludarlo.
Mi esposa, la tía y la sobrina como se creían con privilegios para atenderlo y acapararlo, al ser compañeros de trabajo, lo jaloneaban de la mano de aquí para allá con la disculpa de presentarlo, exhibirlo y pavonearse. A mi me lo presentaron de ultimo; fue un saludo tan breve que cuando estaba diciendo la frase característica de “nice to meet you”, ya lo llevaban a rastras para la otra esquina.
El primero en reaccionar fue mi cuñado. Varón aferrado a los valores antiguos de que el hombre es como el oso, entre mas feo mas hermoso; vio, ante sus incrédulos ojos derrumbarse ese mito que empleamos los menos agraciados para consolarnos.
Mi hermana comenzó a tararear la canción de Emmanuel, Insoportablemente bella, pero a su manera. Sí, era bello, Insoportablemente bello, belloooo. Sí, era muy bellooo, Inaguantablemente bello, bellooo. Para mirarlo, para adorarlooo. Para cuidarlo igual que se cuida la cosa más tiernaaa. Para decir que uno tiene guardado una cosa muy bellaaa…, hasta que mi cuñado la fulminó con la mirada.
Ofendido como estaba me hizo el reclamo; que, porque invitaban extraños, esa es gentuza del trabajo; que esta era una celebración familiar, -me reprochó. Le respondi muy conspicuo y ceremonioso que tenia que hablar seriamente con Patita para aclarar ese problemita.
En un momento dado mire a mi alrededor y presencie un milagro, el espíritu santo descendió de las alturas en persona y posó su mano sobre las feminas para concederles la facultad instantánea de hablar en lenguas desconocidas, especialmente en inglés. Todas ellas parloteaban fluidamente el idioma anglosajón al contacto con Milo. Y yo que no creía en milagros.
El precioso Milo brillaba con luz propia por donde pasara. Pasó al lado de nuestra plateada amiga y la quijada se le descolgó por unos segundos interminables, los suficientes para tratar de correr a socorrerla pues se acababa de introducir en la boca una porción de pavo y temí que se le cayera haciéndola quedar en ridículo.
Se deslizó cerca de la mama de nuestra amiga Tica, una señora de 80 años, pero con una vitalidad y picardía envidiables, la cual lo miró de arriba abajo y solo alcanzo a murmurar, -Milo, milo en polvo con leche, batirlo, calentarlo y tomárselo de a sorbitos. -La mire asombrado, pero me replicó, -es un decir mijo, no me crea-.
Paso rozando a un grupito de jovencitas, amigas de la sobrina de mi esposa, las cuales se desbordaron en risitas nerviosas, apretujándose entre ellas sin saber que decir ni que hacer. La sobrina, compañera de trabajo del galán salvó la situación, le salió al paso, lo cogió de gancho y se lo llevo por los lados de la piscina para tomarse fotos e inundar el Instagram con las bellas imágenes de los dos sonriendo.
Los flases de los teléfonos celulares se recalentaron, las dueñas también; parecían turistas recién llegados a Disney World, tomándose fotos desde todos los ángulos, en todas las poses y subiéndolas a las redes sociales al instante para competencia y envidia de las amigas; por supuesto en todas aparecía nuestra apolínea escultura griega.
Mi cunado y yo; los olvidados de la noche, consientes de que pertenecemos la especie en extincion de los hombres de pelo en pecho, nos apertrechamos en el rincón mas alejado de la casa con una botella de Tequila para libar nuestras penas y esperar a que esa estrella fugaz que iluminó la noche se apagara.

Me haz hecho reír mucho, siempre tu narrativa es muy descriptiva de las situaciones. Reunión de los Montañas no pase nada, no es reunión. Yo pertenezco a ese grupo.
ResponderBorrarTengo otro comentario, y es que tú cuñado es una capiroleta, cómo será, que le chanto un hijo a Milo!!!!
ResponderBorrar